Bresson / Munkácsi / Adams

Muchos son los factores que determinan la realización de una buena fotografía. Uno de ellos, quizás de los más importantes, es la capacidad de sorprenderse de la realidad que nos rodea. Paralelamente a este factor de sorpresa, el autor incorpora a su obra todas sus experiencias, convicciones e interpretaciones de la vida:

«Un fotógrafo no hace una foto solo con su cámara, también con los libros que ha leído, las películas que ha visto, los viajes que ha hecho, las músicas que ha escuchado y las personas que ha amado». Ansel Adams.

Con todo ese bagaje incorporado a cada una de sus imágenes, el autor se comunica con el espectador, y éste interpreta individualmente y empatíza con la obra según sus experiencias, reconociendo y quizás evocando recuerdos, sueños, deseos o pura realidad.

Extracto del libro Henri Cartier-Bresson, El disparo fotográfico. Autor:Clément Chéroux ISBN 978-84-8076-995-2 :

Henri Cartier-Bresson descubre en el volumen de 1931 de Arts et Métiers graphiques, una fotografía de Martin Munkácsi en que aparecen tres niños negros corriendo para zambullirse en las aguas del lago Tanganica. Para el joven de 23 años, es toda una revelación. Todos los elementos de la imagen lo impresionan: el contraste de los cuerpos con la espuma del agua, su gracioso encaje, su sutil dinamismo. No sólo le recuerda su experiencia en África, sino que, sobre todo, le muestra aquello que es posible hacer con una cámara fotográfica. Más tarde afirmaría: “De repente comprendí que la fotografía es capaz de fijar la eternidad en un instante. Es la única foto que me ha influido. En esta imagen hay tanta intensidad, tanta espontaneidad, tanta dicha de vivir, tanta maravilla, que me deslumbra todavía hoy. La perfección de la forma, el sentido de la vida, un escalofrío sin igual”.


«Siempre hay dos personas en cada cuadro: el fotógrafo y el espectador». Ansel Adams